¿Conoces el significado de la palabra namasté?

Námaste, sus orígenes

Es un término que procede del sánscrito, lengua primigenia de la India, que se emplea habitualmente para saludar. Los primeros escritos donde aparece datan de hace más de 3.500 años. El saludo es ampliamente polivalente, y sirve para un montón de ocasiones: dar gracias, mostrar respeto, despedirse y cualquier situación que implique cierta solemnidad. Námaste es un estado del alma. Se suele acompañar de un gesto, que consiste en juntar las palmas de forma perpendicular a nuestro pecho, en la zona cercana al corazón. Se podría considerar casi una reverencia.

De lo humano y lo divino

Lo más interesante de esta palabra es lo que transciende. Cuando se emplea se da por hecho que hay una impronta divina en todos los seres humanos. Emplearla, junto al mudra, que es el gesto que suele acompañar a la palabra, busca poner de manifiesto que hay una parte de Dios dentro de todos los seres. Su popularización en occidente vino de la mano del yoga, y en la actualidad es un término que se emplea en diversos contextos. El námaste lo suele emplear el profesor para despedirse de sus alumnos, aprovechando así el punto álgido de la sesión. Cuentan que su uso puede establecer vínculos extrasensoriales con otras personas. También es cierto que debido a su popularización se ha tratado de confundir acerca de su significado.

Etimología

Resulta curioso remontarnos a los orígenes del vocablo, con el fin de entender mejor su significado explicativo. La partícula namas podría significar según los lingüistas “nada de mí”, por lo que intuimos que en el saludo va implícito la negación del yo, es decir, la disolución absoluta del ego.

Námaste en la actualidad

Con la llegada del COVID-19, y ante la imposibilidad de establecer contacto físico con personas ajenas a nuestro entorno familiar, se han popularizado entre las poblaciones otro tipo de saludos que precisamente no requieren de contacto físico. El Námaste ha cobrado un especial protagonismo en estos días de pandemia y amenaza con convertirse en un saludo universal y hegemónico. Incluso la casa real británica, en concreto el príncipe Carlos, usó de forma recurrente este saludo en actos oficiales.